El vampiro estaba sangrando y agotado, la batalla había sido muy dura; era afortunado de estar en pie, lo que los lobos le habían rociado le había hecho tanto daño como si hubiera bebido sangre de un cadáver y por si fuera poco también impedía que sus heridas cerraran. La cruzada había sido por Celeste, la hermosa humana que los lobos habían escogido para su cena pero que para su mala fortuna era la humana a la que el vampiro amaba y por tal motivo este se interpuso en su camino. Todo había terminado ya, los cadáveres de los licántropos yacían en un callejón siendo devorados por ratas y el vampiro estaba tirado en las escaleras de la entrada a la casa de Celeste, con la mente en blanco, casi inconsciente.
Celeste tomaba una ducha cuando empezó a tener raros pensamientos, era como si una película se reprodujera automáticamente en su cerebro y por partes, veía al hombre con el que llevaba soñando desde hace unos días pero luchando con perros, no, lobos gigantes. Se sentó en el suelo de la regadera, abrazó sus rodillas y pegó la cabeza a la fría pared cerrando los ojos deseando no ver más esas imágenes. Cuando el agua que acariciaba su cuerpo comenzó a enfriarse se puso de pie y los flashazos en su mente se fueron desvaneciendo. Cerró las llaves del agua y tomó la bata que colgaba afuera de la regadera, segundos después estaba recostada en su cama con quitando el cabello mojado de su rostro y tratando de buscar una respuesta que estaba en la puerta de su casa, literalmente.
Con la poca energía que le quedaba, el vampiro se había arrastrado para subir los tres escalones que lo separaban de la puerta, cuando llegó se recargó en ella y empezó a golpearla con la cabeza en un desesperado intento de no dejar que su existencia se esfumara pero estaba casi seguro de que ocurriría, en caso de que Celeste abriera la puerta y lo viera ahí tirado llamaría a una ambulancia cuyos ocupantes no harían mas que evitar las hemorragias y llevarlo a un hospital, un hospital para humanos donde no podrían hacer nada para ayudarlo; a pesar de que pensaba esto siguió golpeando la puerta en espera de su futuro, se conformaba con ver los ojos de esa humana una última vez.
Sentía que se quedaba dormida y esperaba que eso sucediera, no le importaba despertar al otro día con un resfriado, solo quería dejar de sentirse así, dejar de ver eso. Pero unos rítmicos golpes avivaron un poco más sus sentidos, aguzó el oído hasta percatarse de que los golpes eran contra su puerta, daba igual, a esa hora probablemente sería un vagabundo buscando comida o unos niños haciendo bromas, no soltaría el delgado hilo que la conducía a Morfeo. Pero finalmente lo perdió gracias a los golpes que subían periódicamente de volumen, irritada por eso, se levantó, hizo un nudo en el cinturón de su bata, la única prenda que cubría su cuerpo, tomó el teléfono y caminó hacia la puerta.
—Debe estar dormida— Pensó el vampiro y dio el último golpe a la puerta y justo en ese momento, escuchó algo que reconocería hasta en el lecho de muerte, escuchó la voz de Celeste mientras abría la puerta un poco —Si no dejan de golpear mi puerta llamaré a la policía—
Estaba enfurecida y eso demostró con la amenaza que gritó mientras abría la puerta tanto como la cadena se lo permitía y apuntaba hacia afuera el teléfono como si de un arma se tratara o le diera más fuerza a su ultimátum. Pero todo el enojo que expelía en ese momento se vino abajo cuando buscando al causante de la molestia vio a un hombre recargado en la puerta con su ropa hecha jirones y sangre a su alrededor, se apresuró a marcar el numero de emergencia para pedir una ambulancia pero en el momento en el que escuchó su nombre tiró el teléfono al piso y sintió un golpe en el pecho. Empujó la puerta para cerrarla y poderle quitar la cadena enseguida volvió abrirla y se tiró de rodillas.
Después del grito de Celeste, el vampiro giró la cabeza y la vio adentro de la casa volteando para todos lados con el teléfono en la mano hasta que bajó la mirada y lo vio, un gran e inexplicable alivio recorrió su malherido cuerpo y pronunció el nombre que tanto le pasaba por la mente: Celeste.
Tomó la cabeza del hombre que ahora estaba acostado en el suelo, la mitad adentro de la casa y la otra mitad afuera. Estaba sumamente confundida, no sabía quién era él ni porque sus ojos comenzaban a soltar lágrimas, lo único que sabía era que había escuchado su nombre y que ese hombre era con el que había soñado. Intentó tomar el teléfono murmurando que iba a pedir una ambulancia pero él se lo impidió. Lo intentó levantar pero era muy pesado para ella así que lo arrastró hasta el sillón y le ayudó a sentarse, sin saber que hacer se sentó a su lado y le tomó la mano.
Ahora sentado en el sillón con ella al lado, el vampiro estaba ante una encrucijada, se había dicho que no la convertiría pero si no la mordía moriría. Así que usando un poco la telepatía que había logrado crear entre ellos en las últimas semanas, le susurró que necesitaba sangre y ella como en trance simplemente se acercó a él y apretó su mano.
Todo era parecido a sus sueños pero estaba casi segura de que no lo era, casi segura. Sintió que necesitaba hacer algo para ayudarlo y lo único que se le ocurrió fue acercar su rostro al de él como si fuera a recibir un beso en la mejilla y apretó un poco la mano ensangrentada que sostenía entre las suyas. Después de eso sintió un pequeño dolor en el cuello y a su mente llegaron de golpe todos sus sueños, sobrepuestos unos con otros, pero se sentía muy bien, le gustaba y era la prueba de que no, esta vez no estaba soñando.
Fue hermoso, simplemente mágico el momento en el que la sangre de celeste estaba llenando su boca, la calidez de aquel liquido era lo mejor que podía recibir en ese momento y justo lo que necesitaba, su energía estaba regresando, sus heridas estaban sanando. Y por si eso fuera poco, ante sus ojos pasaba toda la vida de la chica, cada detalle ahora él lo conocía. El vampiro estaba extasiado pero se detuvo justo a tiempo para no matarla. Se levantó del sillón y cargó a Celeste que se había desmayado.
Cuando despertó estaba en su cama, dentro de las cobijas aun con la bata puesta, sentía un ardor en el cuello y un poco de mareo, intentó levantarse pero estaba sumamente débil y en ese momento se percató de que no estaba sola, había una luz prendida y venia del baño. Recordó todo lo que había pasado hasta el momento de su desmayo y se llevó las manos al cuello sintiendo la evidencia, pero a pesar de todo eso no sentía miedo, al contrario, estaba feliz.
Después de una larga y merecida ducha el vampiro estaba totalmente recuperado, se secó y salió hacia la recamara con una toalla en la cintura; vio a Celeste, recostada, con cara adormilada y brotó todo lo que sentía por ella, tiró la toalla al suelo y se subió a la cama, ella lo recibió con una sonrisa y lo abrazó, el vampiro metió sus largos dedos por entre la bata y la abrió por completo, la besó cariñosamente en los labios y cuando ella sintió ese pequeño pero delicioso dolor en el cuello de nuevo, se volvieron uno solo.
Lord Azvrok.
