Recuerdo muy bien esa noche, casi como si hubiera sido ayer pero hace ya tres largos años; lucias hermosa, con tu ajustada pijama que claramente dejaba ver que ya no eras una niña, ninguno de los dos éramos niños ya. Cuando llegué estabas dormida, entré a tu habitación y no pude más que apreciarte; me senté en la orilla de la cama, te acabas de bañar, tu cabello estaba algo húmedo y tu piel soltaba la fragancia de frutas de tu jabón favorito. Quité la sabana para poder apreciarte mejor, besé tu suave piel y te acaricié por unos minutos.
Me senté en aquel sillón donde te ponías a leer y me puse a pensar sobre nosotros, nuestro futuro; esto no podía continuar así. No podíamos seguir viéndonos de noche únicamente, nuestro amor debía salir ya a la luz. Una decisión debíamos tomar ya antes de que fuera demasiado tarde, más de lo que probablemente ya era.
Tu rostro me decía que estabas soñando con nosotros dos juntos, o eso quería yo creer por lo que no te desperté, estuve junto a ti toda la noche hasta que el sol dio indicios de su presencia, dejé otra rosa blanca junto a tu almohada para que al despertar la vieras y supieras que tu fiel amado había estado contigo y me fui de tu casa.
En todo el día no pude dejar de pensar en cómo solucionar esto, hasta que una brillante idea llegó a mi cabeza: escapar, eso era lo correcto, escaparíamos los dos y en algún lugar lejos de aquí podríamos consumar nuestro amor y ser felices.
Ese mismo día hice todos los preparativos, hice un par de maletas y planeé nuestro camino, ya sabía por dónde irnos y a donde llegar, todo estaba listo.
Ansioso esperé el anochecer que parecía no llegar pero por fin oscureció; subí a mi auto y manejé a toda prisa hacia tu casa, ya era media noche, tus padres ya deberían estar dormidos, nunca entendí por qué no nos dejaban estar juntos.
Subí a tu balcón con la escalera que siempre llevaba en el auto, y después de lograr quitarle el seguro a la puerta entré, tu también estabas dormida supuse que me habías esperado pero por tanto trabajo que te ponía tu padre no aguantaste, para mi pesar tuve que sacarte de tu sueño. Besé tus labios y acaricié tu cabello por unos minutos hasta que comenzaste a abrir los ojos pero fue ese momento cuando todo se vino abajo.
Me viste y gritaste, puse mi mano en tu boca para que callaras, intentaste golpearme pero te detuve; me obligaste a hacer lo que no quería, de mi abrigo saqué cinta adhesiva y te la puse en la boca, también tuve que amarrarte pues no dejabas de pelear, no sé qué te pasaba, quien sabe que tantas cosas te habían metido en la cabeza tus padres para que no aceptaras nuestro amor. La puerta de la habitación de tus padres se abrió y oí pasos acercándose a la tuya, tomé el bate que estaba debajo de tu cama y esperé al lado de la puerta, se abrió y me lancé defendiendo nuestro amor, golpeé a tu padre en la cabeza y soltó su viejo rifle, aventé a tu mamá hacia tu habitación; todos gritaban, muchos gritos en mi cabeza que no me dejaban pensar tal vez por eso ocurrió eso, tu padre se puso de pie e intentó tomar de nuevo su rifle, otra vez lo golpeé en la cabeza con el bate hasta que se desmayo, me puse sobre él y lo golpeé hasta lastimarme los puño, finalmente rompí su cráneo con el bate. Tu madre lloraba e intentó tomar el teléfono pero le disparé con el rifle de tu padre, justo en la cabeza le di.
Entré de nuevo a tu habitación, estabas en la cama llorando, te pedí disculpas por lo que había hecho pero no te tranquilizabas; te quité la cinta adhesiva y comenzaste a gritar que quien era yo, que por qué había hecho eso. Realmente me dolió que dijeras eso ¿Quién era yo? Después de más de cinco años de estar a tu lado toda la noche ¿no sabias quien era yo? Cuando dormía te comunicabas conmigo diciéndome que me amabas, cuando estaba en tu casa tu voz en mi cabeza me lo repetía, me decía que eras mía.
Tú me amabas y no sabias quien era yo, eso no era posible, volví a amordazarte y pensé en qué hacer para que aceptaras tu amor por mí, para que aceptaras que era el único indicado para estar a tu lado sin embargo los gritos seguían en mi cabeza y las mismas voces que me habían dicho que me amabas me decían ahora que no había tiempo que debíamos salir de ahí lo antes posible y así fue. Agarré una cobija y te cubrí con ella, te cargué y te llevé a mi auto; conduje por horas hasta que llegamos a donde seria nuestro nuevo hogar, una vieja cabaña que estaba en el bosque.
Seguías tan inquieta como antes, te bajé del auto y entramos a nuestro nuevo hogar, te llevé a la habitación y decidí soltarte; de nuevo comenzaste a pelear conmigo, yo no quería hacerte daño pero tuve que hacerlo, te di un golpe y caíste golpeándote la cabeza y te desmayaste, te revisé y vi que no era nada grave. Te amarré a la cama y despertaste. Traté de convencerte de que era tu hombre ideal pero no lo aceptabas y comencé a enfadarme, intenté besarte pero me mordiste, no podía aceptar esa actitud hacia tu pareja y tuve que reprenderte, te volví a golpear, no me gustó hacerlo pero tenías que comportarte.
Las voces en mi cabeza me decían que poco a poco te acostumbrarías y esto tuvo coherencia para mí. Pero no dejabas de gritar y gritabas cosas que me dolían pero las voces me entendían y gritaban que te golpeara otra vez y lo hice pero gritabas más y te volví a golpear más y más y cada vez más fuerte, ya estabas en silencio pero ya no podía dejar de hacerlo, tenía toda mi ropa llena de tu sangre y vi que tu rostro ya no era el de antes, ya no eras bonita y por lo tanto ya no tenías derecho a ser mi mujer, esto me hizo enfadar más, por tu culpa había sucedido eso.
Fui por un cuchillo a la cocina y regresé a dónde estabas, parecía que estabas despertando, pero no tenias derecho a verme, no después de lo que me habías obligado hacer por lo que cubrí tus ojos con mi mano izquierda y con la derecha clavé el cuchillo en tu cuello, volviste a gritar pero esa fue la última vez.
Vi como te quedabas sin sangre y morías, resbalé con tu sangre y caí al piso y al percatarme de lo que había hecho comencé a llorar. Pedí consejo a las voces pero guardaban silencio, me habían abandonado; tomé tu cuerpo y lo enterré en el jardín de la cabaña. Como no podría vivir sin ti decidí regresar a casa, cuando volví oí que la policía investigaba tu caso pero aun no tenían sospechosos.
Ahora tres años después y después de haber traído a otras siete mujeres que yacen a tu lado te pido perdón por haber echado todo a perder pero no te preocupes las voces han regresado y ya saben quién es la mujer que realmente me ama, he decidió escapar con ella y traerla mañana porque sus padres no quieren que estemos juntos, pero nos amamos…
Me senté en aquel sillón donde te ponías a leer y me puse a pensar sobre nosotros, nuestro futuro; esto no podía continuar así. No podíamos seguir viéndonos de noche únicamente, nuestro amor debía salir ya a la luz. Una decisión debíamos tomar ya antes de que fuera demasiado tarde, más de lo que probablemente ya era.
Tu rostro me decía que estabas soñando con nosotros dos juntos, o eso quería yo creer por lo que no te desperté, estuve junto a ti toda la noche hasta que el sol dio indicios de su presencia, dejé otra rosa blanca junto a tu almohada para que al despertar la vieras y supieras que tu fiel amado había estado contigo y me fui de tu casa.
En todo el día no pude dejar de pensar en cómo solucionar esto, hasta que una brillante idea llegó a mi cabeza: escapar, eso era lo correcto, escaparíamos los dos y en algún lugar lejos de aquí podríamos consumar nuestro amor y ser felices.
Ese mismo día hice todos los preparativos, hice un par de maletas y planeé nuestro camino, ya sabía por dónde irnos y a donde llegar, todo estaba listo.
Ansioso esperé el anochecer que parecía no llegar pero por fin oscureció; subí a mi auto y manejé a toda prisa hacia tu casa, ya era media noche, tus padres ya deberían estar dormidos, nunca entendí por qué no nos dejaban estar juntos.
Subí a tu balcón con la escalera que siempre llevaba en el auto, y después de lograr quitarle el seguro a la puerta entré, tu también estabas dormida supuse que me habías esperado pero por tanto trabajo que te ponía tu padre no aguantaste, para mi pesar tuve que sacarte de tu sueño. Besé tus labios y acaricié tu cabello por unos minutos hasta que comenzaste a abrir los ojos pero fue ese momento cuando todo se vino abajo.
Me viste y gritaste, puse mi mano en tu boca para que callaras, intentaste golpearme pero te detuve; me obligaste a hacer lo que no quería, de mi abrigo saqué cinta adhesiva y te la puse en la boca, también tuve que amarrarte pues no dejabas de pelear, no sé qué te pasaba, quien sabe que tantas cosas te habían metido en la cabeza tus padres para que no aceptaras nuestro amor. La puerta de la habitación de tus padres se abrió y oí pasos acercándose a la tuya, tomé el bate que estaba debajo de tu cama y esperé al lado de la puerta, se abrió y me lancé defendiendo nuestro amor, golpeé a tu padre en la cabeza y soltó su viejo rifle, aventé a tu mamá hacia tu habitación; todos gritaban, muchos gritos en mi cabeza que no me dejaban pensar tal vez por eso ocurrió eso, tu padre se puso de pie e intentó tomar de nuevo su rifle, otra vez lo golpeé en la cabeza con el bate hasta que se desmayo, me puse sobre él y lo golpeé hasta lastimarme los puño, finalmente rompí su cráneo con el bate. Tu madre lloraba e intentó tomar el teléfono pero le disparé con el rifle de tu padre, justo en la cabeza le di.
Entré de nuevo a tu habitación, estabas en la cama llorando, te pedí disculpas por lo que había hecho pero no te tranquilizabas; te quité la cinta adhesiva y comenzaste a gritar que quien era yo, que por qué había hecho eso. Realmente me dolió que dijeras eso ¿Quién era yo? Después de más de cinco años de estar a tu lado toda la noche ¿no sabias quien era yo? Cuando dormía te comunicabas conmigo diciéndome que me amabas, cuando estaba en tu casa tu voz en mi cabeza me lo repetía, me decía que eras mía.
Tú me amabas y no sabias quien era yo, eso no era posible, volví a amordazarte y pensé en qué hacer para que aceptaras tu amor por mí, para que aceptaras que era el único indicado para estar a tu lado sin embargo los gritos seguían en mi cabeza y las mismas voces que me habían dicho que me amabas me decían ahora que no había tiempo que debíamos salir de ahí lo antes posible y así fue. Agarré una cobija y te cubrí con ella, te cargué y te llevé a mi auto; conduje por horas hasta que llegamos a donde seria nuestro nuevo hogar, una vieja cabaña que estaba en el bosque.
Seguías tan inquieta como antes, te bajé del auto y entramos a nuestro nuevo hogar, te llevé a la habitación y decidí soltarte; de nuevo comenzaste a pelear conmigo, yo no quería hacerte daño pero tuve que hacerlo, te di un golpe y caíste golpeándote la cabeza y te desmayaste, te revisé y vi que no era nada grave. Te amarré a la cama y despertaste. Traté de convencerte de que era tu hombre ideal pero no lo aceptabas y comencé a enfadarme, intenté besarte pero me mordiste, no podía aceptar esa actitud hacia tu pareja y tuve que reprenderte, te volví a golpear, no me gustó hacerlo pero tenías que comportarte.
Las voces en mi cabeza me decían que poco a poco te acostumbrarías y esto tuvo coherencia para mí. Pero no dejabas de gritar y gritabas cosas que me dolían pero las voces me entendían y gritaban que te golpeara otra vez y lo hice pero gritabas más y te volví a golpear más y más y cada vez más fuerte, ya estabas en silencio pero ya no podía dejar de hacerlo, tenía toda mi ropa llena de tu sangre y vi que tu rostro ya no era el de antes, ya no eras bonita y por lo tanto ya no tenías derecho a ser mi mujer, esto me hizo enfadar más, por tu culpa había sucedido eso.
Fui por un cuchillo a la cocina y regresé a dónde estabas, parecía que estabas despertando, pero no tenias derecho a verme, no después de lo que me habías obligado hacer por lo que cubrí tus ojos con mi mano izquierda y con la derecha clavé el cuchillo en tu cuello, volviste a gritar pero esa fue la última vez.
Vi como te quedabas sin sangre y morías, resbalé con tu sangre y caí al piso y al percatarme de lo que había hecho comencé a llorar. Pedí consejo a las voces pero guardaban silencio, me habían abandonado; tomé tu cuerpo y lo enterré en el jardín de la cabaña. Como no podría vivir sin ti decidí regresar a casa, cuando volví oí que la policía investigaba tu caso pero aun no tenían sospechosos.
Ahora tres años después y después de haber traído a otras siete mujeres que yacen a tu lado te pido perdón por haber echado todo a perder pero no te preocupes las voces han regresado y ya saben quién es la mujer que realmente me ama, he decidió escapar con ella y traerla mañana porque sus padres no quieren que estemos juntos, pero nos amamos…
Lord Azvrok.
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